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Biógrafo Raúl Asensio: “Castillo dice sí a todo el mundo, y luego hace lo que quiere”

Biógrafo Raúl Asensio: “Castillo dice sí a todo el mundo, y luego hace lo que quiere”

El historiador, e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos, Raúl Asensio, además de uno de los autores del libro El Profe, que habla sobre cómo Pedro Castillo se convirtió en Presidente de Perú, analiza la contingencia del país vecino tras el intento de golpe de Estado del exmandatario y su posterior destitución por el Congreso.

Por: Nicolás Durante | Publicado: Sábado 17 de diciembre de 2022 a las 04:00
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Hubo tal nivel de improvisación, que en el mismo horario que el entonces Presidente José Pedro Castillo Terrones (53 años) declaraba el miércoles 7 de diciembre disuelto el Congreso de Perú para “reorganizar el Poder Judicial” y armar una nueva Constitución, la televisión pública seguía con panelistas políticos analizando lo que pasaría unas horas después cuando se votara un tercer intento del Congreso para destituirlo.

En menos de 180 minutos perdió el apoyo de sus ministros, su abogado personal y de las Fuerzas Armadas, fue destituido y reemplazado por su vicepresidenta Dina Boluarte y hasta el cierre de esta edición permanecía preso, a metros de la celda de Alberto Fujimori, quien en 1992 lideró un golpe de estado. En siete días, parte del país se sumió en el caos, con choques entre civiles y la policía, al menos ocho muertos, estado de emergencia en todo Perú y con la amenaza de toque de queda. 

Desde Lima, el historiador e investigador principal del Instituto de Estudios Peruanos, Raúl Asensio, además de uno de los autores del libro El Profe -de los primeros textos biográficos en publicarse cuando Castillo, el entonces maestro rural, ganó la presidencia y llegó a la Casa de Pizarro en julio del año pasado-, cuenta que la sensación en el Perú es de incertidumbre.


“Tienes un conjunto de bronca por ambos lados, y esa bronca va aumentando con el paso de los días”, resume. 

-¿Cómo funciona la mente del exPresidente Pedro Castillo?
-Es la pregunta que nos hacemos todos de alguna manera. Lo que hemos llegado a aprender sobre cómo funciona la cabeza del expresidente Castillo en realidad tiene dos parámetros. Uno, es que el gobierno ha sido sumamente desorganizado desde el principio y sumamente caótico en la toma de decisiones.
Lo que vimos el pasado miércoles, que nos sorprendió a todos por la contundencia de las medidas que trató de tomar el exPresidente, no es algo que nos sorprenda por la improvisación, ni es algo que sorprenda por la falta de planificación respecto a las medidas que se toman. El día en que asumió el primer gabinete de Castillo, los ministros se decidieron a último momento. Incluso hubo varios ministros que no llegaron a jurar ese día porque a última hora se habían bajado y no les habían encontrado sustituto.
Entonces, esta forma de tomar decisiones a última hora, de una manera un poco improvisada, sin pensar cuáles van a ser las consecuencias, no es algo que hayamos visto recién la semana pasada, es algo que hemos visto desde el principio. 
Y un segundo factor es la propia personalidad de Castillo. Él es una persona que dice sí a todo el mundo constantemente, a cualquier asesor, a cualquier persona con la que conversa le dice que sí y luego hace lo que quiere, pero sin llegar a confrontar directamente ni a decir ni sí ni no.

-¿Y en qué cree Castillo?
-Creo que ha quedado completamente claro que no cree en la democracia. Me parece que eso es algo que podemos dar por obvio. Después de lo que ocurrió la semana pasada, ideológicamente, Castillo se posiciona en un segmento que es relativamente común en el Perú, una suerte de izquierda retórica, genérica, sin mucho sustento ideológico, sin mucha doctrina detrás. Es más bien una suerte de izquierda sentimental y retórica, un discurso contestatario. Esta suerte de visión crítica del Perú está muy arraigada en gran parte del territorio, más fuera de Lima que dentro de Lima, y presenta la historia del Perú como una suerte de saqueo continuo, una suerte de opresión continua por parte de Lima hacia las regiones. Es una izquierda tremendamente distinta, por ejemplo, a la que representa el Presidente Boric en Chile.

-¿Castillo planificó esto o fue parte de la improvisación de ese día?
-Diría que es algo que se ha venido manejando en los cercanos de Castillo desde hace varios meses. Y es muy probable que la decisión se tomara a última hora. Cuando me refiero a última hora, me refiero a dos o tres horas antes. Y te pongo un ejemplo muy claro, el mismo día que Castillo trató de dar su autogolpe, uno seguía viendo la televisión nacional pública que seguía emitiendo completamente normal. Ni siquiera hubo algo tan obvio como darle instrucciones a la televisión pública para que se alineara con lo que estaba haciendo el gobierno. Ni siquiera ocurrió eso.

-Ni con el Ejército… 
-Eso es algo que probablemente vamos a ir sabiendo a lo largo de las siguientes semanas. Es posible que hubiera también algún tipo de contactos, no directamente de Castillo, sino de alguien de su entorno, pero probablemente no pasaron de ese punto. De todas maneras, esa es una de las grandes dudas, porque hasta donde sabemos, no parece que hubiera ningún tipo de contacto articulado por parte del Presidente hacia las fuerzas militares.

-¿A quién escucha Castillo, hay alguien que pueda haber influido en él para decidir esto? 
-Escucha a todo el mundo y, como dije, le dice que sí a todo el mundo, pero después toma las decisiones solo a última hora. Probablemente la persona que más ha influido en los últimos meses ha sido quien fue durante mucho tiempo su primer ministro, Aníbal Torres. Es un abogado muy vinculado con grupos de izquierda contestatarios, un señor ya mayor, que tiene un estilo tremendamente confrontacional y tiene esa capacidad retórica que Castillo no tiene. Es posible que él sea una persona que haya escuchado bastante en estos últimos meses y que haya contribuido a la estrategia de radicalización.
 

La izquierda de Castillo y la de Boric

-¿Qué efectos podría tener esto en las demás izquierdas en Latinoamérica? El Presidente chileno no salió a respaldarlo, como sí lo hicieron México, Colombia, Argentina y Bolivia. 
-Es algo que nos ha sorprendido bastante en el Perú. El comunicado que sacaron las cancillerías de Argentina, México, Bolivia y Colombia nos sorprendió por el desconocimiento realmente de lo que estaba ocurriendo.
Hasta ahora Castillo no había tenido una gran articulación con las izquierdas porque no se alinea ideológicamente con ese tipo de izquierdas que están gobernando en casi toda América Latina. Ha sido muy ilustrativo de la existencia de dos izquierdas en América Latina. Por un lado tenemos la izquierda que se ha comprado el discurso del golpe de Estado contra Castillo, el discurso del Castillo victimizado (en Twitter dijo que ha estado “humillado, incomunicado, maltratado y secuestrado”, en referencia a la prisión preventiva).
Y, por otro lado, otra izquierda en la cual está el Presidente Boric de Chile, pero también Lula de Brasil, que no se ha comprado ese discurso victimizador. En el caso de Lula, se puso decididamente a favor de la democracia. En el caso de Boric, manteniendo por el momento, un silencio que no otorga ni hacia un lado ni hacia el otro.


-¿Qué hay de la investigación inicial contra Castillo por corrupción y asociación ilícita, este golpe de Estado quita protagonismo a eso?
-Ambas cosas van a seguir en paralelo. Es inevitable que ahora el autogolpe tenga mayor protagonismo, pero las investigaciones judiciales respecto a posibles casos de corrupción en el entorno del Presidente se van a mantener, al ritmo que suelen ir las investigaciones en el Perú, que es extremadamente lento. Tenemos en la actualidad prácticamente a todos nuestros exPresidentes, excluyendo a Francisco Sagasti, involucrados en procesos judiciales, pero ninguno de estos procesos judiciales ha llegado todavía a su conclusión, salvo el de Fujimori. 

-¿Cómo se sale de esta crisis continua en Perú?
-A corto plazo vendría muy bien tener políticos, empezando por el propio Castillo, que se comprometan con desescalar la situación. Lo que está haciendo el exPresidente Castillo en los últimos dos días de filtrar mensajes llamando a continuar las movilizaciones, tratando de ilegítima a su vicepresidenta y actual Presidenta Baluarte, me parece tremendamente irresponsable. No sé cómo se va a salir de la crisis a largo plazo, pero sí sé que a corto plazo vendría muy bien tener un conjunto de políticos más responsables que pusieran al país por delante y llamaran a un desescalamiento de la situación.
A medio plazo el nuevo gobierno debe llamar a elecciones anticipadas. Ya dijo que quería hacerlo en 2024. Eso no consiguió parar las movilizaciones, y ahora dijo que van a tratar de hacerlo en la segunda mitad de 2023. Parece que tampoco ha conseguido calmar el ambiente, y probablemente vamos a tener unas elecciones a mediados del próximo año.

-¿Hay una oposición o fuerzas políticas articuladas para hacerse cargo de esta crisis?
-No, no hay. Lo que estás viendo es un desembarco de frustración por ambos lados muy fuerte, de frustración acumulada a lo largo de décadas y de frustración acumulada también durante el gobierno de Castillo. Estamos teniendo un desembarco de esa frustración que se traduce en algunos casos en situaciones de violencia y en otros muchos casos también en manifestaciones pacíficas. Pero no tienes detrás una gran fuerza que esté organizando todo esto, tienes más bien un conjunto de pequeñas micro fuerzas que convergen en un momento concreto. 
 

Sobre Dina Boluarte: “Tiene una tremenda soledad”

-¿Cuál es su opinión de la Presidenta Dina ​​Boluarte?
-La Presidenta proviene del mismo partido de Castillo, Perú Libre. Es una militante de más tiempo, pero que ya ha sido expulsada del partido en los últimos años. Proviene también del interior del país, de Apurímac, una de las regiones más pobres del Perú. Es una profesional que ha llegado a desempeñar cargos medios en la administración pública, cargos técnicos, no políticos. Se presentó en varias ocasiones, incluso a alcaldesa de un distrito de Lima, y sacó resultados ínfimos.
Proviene también de esa izquierda genérica, más sentimental y retórica, no tanto articulada ideológicamente; de esos sectores de izquierda del interior del país, profesionales. Pero más allá de eso, en la actualidad tiene una tremenda soledad. Se peleó y ha sido rechazada con su anterior partido, Perú Libre. Tampoco tiene aliados en la derecha ni el centro, porque es una persona que nunca ha tendido puentes por ese lado. Entonces lo que tiene en la actualidad es una tremenda y absoluta soledad.


-¿La violencia social que se ha dado en estos días se debe a grupos de apoyo al exPresidente o hay algo más?
-Hay cuatro vectores. Por un lado, un conjunto de frustraciones de larga duración de gran parte de la población del sur del país y sobre todo de la Sierra Sur, frustración por el centralismo, porque varios proyectos se han ido retrasando. Hay un grupo muy sustancial de gente que sale a protestar genuinamente porque siente que sus derechos han sido lesionados.
Por otro lado, en los últimos cuatro o cinco meses, el gobierno de Castillo había tratado de construir una suerte de alianza con determinados pequeños movimientos sociales, a los que había invitado a Palacio, y eso justamente con la idea de generar una minoría social de bloqueo. Es decir, previendo que esto podía pasar, tener algún grado de respuesta en la calle.
El tercer vector es que hay activistas que están tratando de pescar a río revuelto. Hay desde gente de extrema izquierda hasta gente de izquierda más moderada que sienten que hay una posibilidad insurreccional de llevar adelante su programa de Asamblea Constituyente. Y el cuarto vector, que también es importante, son los errores que ha tenido el gobierno de Dina Boluarte y la represión desmedida que ha llevado a la muerte de ciudadanos. Entonces, esto ha generado también una indignación muy genuina en parte de la población. 

-¿Esto se soluciona solo con elecciones anticipadas o con una nueva Constitución, como lo dijo en su mensaje el exPresidente?
-Si la Presidenta Boluarte hubiera convocado a elecciones, probablemente hubiéramos tenido protestas, pero en una escala mucho menor. Ahora la convocatoria de elecciones para 2024 ya sabemos que no va a ser suficiente, la de 2023 vamos a ver si es suficiente. Hoy no soy muy optimista, creo que vamos a ir hacia un periodo de inestabilidad durante los próximos meses. Vamos a tener elecciones, probablemente hacia mediados del próximo año, y ahí es como volver a lanzar los dados. Va a tener mucho que ver quiénes sean los candidatos y la capacidad que tenga quien resulte elegido finalmente. 
 

Candidatos a la presidencia

-¿Quiénes son los mejor posicionados?, ¿Keiko Fujimori, quien pasó a segunda vuelta contra Castillo? 
-Probablemente no. O sea, si algo ha demostrado el fujimorismo es que ya lo hemos dado por muerto varias veces y siempre resucita. Va a ser una candidata competitiva como otros muchos candidatos competitivos. Diría que, si le dejaran participar, el principal candidato sería el expresidente Martín Vizcarra, quien todavía goza de una legitimidad en una parte de la sociedad.
Es cierto que Vizcarra podría llegar a ser una suerte de Bukele peruano si se dan las circunstancias, lo cual tampoco es especialmente positivo, pero sí generaría cierta estabilidad. Actualmente está impedido de participar por temas de corrupción. Hay otro conjunto de candidatos que quieren repetir la jugada de Castillo.
Tenemos por otro lado a Antauro Humala, que es de extrema izquierda, que estuvo vinculado con un intento de golpe de Estado el 2001 y que recién ha salido de la cárcel. Él también tiene un núcleo de apoyo en la Sierra Sur que probablemente no le dé para tener mayorías, pero quizás sí para un 10 o 15% que eventualmente, según como vaya la campaña, puede pasar a la segunda vuelta y a la segunda vuelta puede pasar cualquier cosa. 

-¿Los poderes empresariales están involucrados en esta crisis?
-Han sacado sus comunicados llamando al orden, pero no diría que sea un actor principal. Tanto los actores más políticos de derecha como los actores económicos están muy desprestigiados en este momento, y su capacidad de influir en la sociedad es entre poca y nada. Sí como consecuencia de las protestas llegara a caer el gobierno de Dina Baluarte, ahí sí preocupa cuál puede ser la reacción de la derecha y de la extrema derecha.
Podríamos ir hacia un escenario mucho más feo en el cual la frustración que ahora vemos en los sectores de izquierda se traslade a frustración en los sectores de derecha. No porque Dina sea su candidata, ni mucho menos, sino porque el que venga después sea más cercano a Castillo o se vea como un triunfo de la izquierda. 

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